A 50 años del golpe a Illia

“Soy lo que soy y nada más”

Considerado por muchos una tortuga, un presidente lento que no hizo nada, Arturo Illia es un ejemplo de lo que el poder de la comunicación puede hacer para modificar una imagen.

Illia llegó a la presidencia en 1963 en el marco de un país dividido en peronismo y antiperonismo, con la proscripción de Perón. Ganó las elecciones con un bajo porcentaje y un gran caudal de voto en blanco. La legitimidad de origen era baja, y eso es historia por todos conocida.

Sin embargo, no tan conocidas son las acciones de su gobierno y las verdaderas razones de la oposición. Illia llegó al poder con una Unión Civica Radical fracturada. Si se explora hacia adentro de su gabinete las líneas internas salen a la superficie. Esta fue una de las razones de la debilidad de su gobierno, que se sumaron al escaso caudal de votos.

A su vez el Doctor de Cruz del Eje enfrentaba dos polos opositores:

Por un lado, la oposición liberal-autoritaria, compuesta por la Sociedad Rural, las grandes empresas y los partidos conservadores.  ¿ Suena familiar, no ?.

Por otro, la oposición nacional-popular, es decir, la CGT, las 62 organizaciones, los partidos de izquierda y los sectores católicos.

A este panorama de oposición interna y externa se sumó duramente la prensa.Para colmo de males, Illia era reacio al asesoramiento en este aspecto. En una entrevista realizada al ex presidente en 1982, él se refiere al tema: “a mí no me vende nadie, el que quiere creer que soy una tortuga que crea que soy una tortuga, no me interesan estas cosas, “¡ soy lo que soy, y nada más!”.

Los por qués de la oposición

illiaDurante su gobierno, Illia se plantó ante fuertes polos de poder. En su política económica tomó un rumbo nacionalista, heredado de Avellaneda. Una de sus primeras medidas fue anular los contratos petroleros con las empresas trasnacionales que había tomado Frondizi.

El propio ex presidente narró las presiones desde la Embajada estadounidense y sus férreas negaciones. Y como el asesinato de Kennedy afectó lo que habría podido ser una buena relación con la potencia mundial.

“Los entregadores son la gente del país, los presidentes, los ministros y eso no ocurriría jamás si llegan al gobierno hombres que no tengan ninguna complicidad con este sentido de entrega”, expresaba.

Otra de las medidas que le trajo problemas fue su investigación sobre los medicamentos. Se descubrió que los laboratorios mentían sobre su contenido y que los precios estaban totalmente sobrevaluados. Mientras duraba la investigación, Illia congeló los precios de los medicamentos. Además, se descubrió que los laboratorios engañaban al fisco.

Por entonces Illia tenía que renegociar la deuda externa con el Club de París. Y sólo un país se negó. Era Suiza, que exigió se pare el tema de los medicamentos. Illia se opuso y Suiza debió aceptar la renegociación.

A estas medidas se sumaron retenciones al agro y la prórroga en los contratos de arrendamiento rural.

Y pese a que la situación económica era buena, con un 4% de desempleo, Illia fue volteado. Las oposiciones que enfrentó se unieron en bloque y el hombre de Cruz del Eje debió irse de la peor manera: con una imagen falsa y deteriorada de su gobierno, un gobierno que supo enfrentarse con valentía a las corporaciones de turno.

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Rayuela: La vida es un juego

Hoy el hipertexto es parte de nuestra vida cotidiana, pero ya hace 50 años Julio Cortázar creaba un universo surrealista y mágico en el que el ir y venir entre páginas e historias sorprendía en la literatura de la época.

 Advertencia: No continuar si no leyó Rayuela. Si no leyó Rayuela corra a buscar un ejemplar.

 La Maga, Oliveira y un amor entre la intelectualidad y la inocencia. Traveller y Talita, los amigos franceses, el circo y la locura. París y Buenos Aires, a veces tan parecidos, a veces tan lejanos. El amor, la nostalgia, el jazz. Los sucios cafés, los techos y puentes. Las charlas de época. Lo latino y lo europeo se entremezclan de la mano del gran Julio. Y todo fluye pese a que ya pasaron 50 años.

 La especialista María Elena Legaz desmenuza Rayuela en una rica entrevista.

 ¿Qué significó la salida de Rayuela en su momento para la literatura latinoamericana?

-Contribuyó a ese discutido fenómeno conocido como “el boom de la novela latinoamericana”. No sólo asombró y se la admiró por las innovaciones formales y las estrategias narratológicas sino que la adhesión a la obra se produjo  por la identificación con su espíritu lúdico, el llamado a una aventura siempre abierta y la invitación para recorrer en complicidad un mundo mágico y absurdo.

 

Se habla de Rayuela como una novela juvenil, ¿Eso sigue siendo así?

-Todo lo que se oponga a “La Gran Costumbre”-  como decía Cortázar- o sea a las convenciones y a la solemnidad; todo lo que sea experiencia lúdica y emocional inducidas  hacia “ el fuego central” hecho de sueños, erotismo, una dosis de absurdo y de locura; las conversaciones entre amigos que comparten humor, música, largas conversaciones y silencios(El Club de la serpiente)… pueden seguir provocando la cercanía de los jóvenes .

 

Muchos conjeturan acerca de que Rayuela es una combinación de surrealismo francés con realismo mágico latinoamericano. ¿Cómo podría analizarse esta idea?

-Cortázar, sin manifestar nunca una adhesión total al surrealismo, especialmente a alguna de sus técnicas como la escritura automática, reconoció su valor en la exaltación del azar, el humor, lo onírico, la apertura de “lo real” y además admiró y homenajeó a los reconocidos como sus antecesores: Rimbaud, Lautréamont, Artaud . A pesar de encontrar en el surrealismo  al más productivo  de los movimientos de vanguardia, siempre quedó en sus bordes. En cuanto al “realismo mágico”, a diferencia de alguno de sus compañeros del boom, por ejemplo García Márquez, la estética cortazariana se relaciona con la zona del neofantástico, es decir la versión contemporánea del fantástico .Este predomina en la mayoría de sus cuentos aunque no posee tanta injerencia en Rayuela salvo en la presencia de los “dobles”.

 

Si hablamos de los personajes, ¿cómo se relacionan con los roles de la época?, ¿Qué quieren significar?

 

-Los personajes centrales no sólo tienen relación con individuos de la década del sesenta, sino con los seres humanos en general y con sus búsquedas. La oposición fundamental Oliveira/ la Maga recrean: el primero una personalidad de intelectual en crisis, naúfrago entre dos orillas, luchando con la lógica del pensamiento occidental, con la aridez del conocimiento sin la emoción. La Maga despliega, sin saberlo, la inocencia más allá del saber convencional, la intuición poética, lo recóndito del enigma y del misterio. Ambos son parte de la bohemia de los jóvenes de París, en los años previos al “mayo francés”.

¿Cómo se describen las dos ciudades de Cortázar? ¿Qué quiso decir con esas descripciones?

-Las ciudades no están descriptas, están “vividas” por los personajes en itinerarios “reales” o imaginarios guiados por el azar . La fisura entre “el lado de acá” (todavía Buenos Aires) y “el lado de allá” ( París, ciudad que Cortázar habita desde 1951) no termina de suturarse, como tampoco la identidad de la mayoría de los personajes que provienen de distintos lugares del mundo y se autoexilian en París. En la novela, el protagonista Oliveira, regresa a Buenos Aires después de perder a la Maga, pero su búsqueda del Centro, de su Mandala, continúa y ni siquiera el autor sabe cómo termina finalmente su trayecto vital.

Siempre se pone énfasis en la forma de Rayuela, ¿qué hay del contenido?  ¿Cuáles son los temas principales que aborda y de qué especial manera?

-De acuerdo a las consideraciones críticas sobre la novela de la época, explicitadas por Cortázar en “Teoría del túnel”, a Rayuela la concibió no como novela tipo “rollo chino” para lectores pasivos, sino como una suerte de “contranovela” que incorpore al lenguaje enunciativo, el lenguaje poético y que tenga al lector cómplice como un verdadero compañero de camino . La pensó  como obra abierta para que cada uno realice su propio recorrido.

Los motivos predominantes de la novela giran en torno a la búsqueda, una búsqueda metafísica que no excluye a la de la identidad total ni a la exploración de los límites, ( el episodio de Oliveira con la clocharde) el amor, los encuentros y desencuentros  y sobre todo los intentos de construcción de puentes hacia el otro. Uno de los motivos dominantes resulta la exposición, en un especial montaje, de la propia teoría de la novela a partir de los escritos de Morelli, especie de portavoz del autor.

 

¿Cómo se lee Rayuela hoy? ¿Cuáles son las diferencias que surgen en su lectura?

-Rayuela no envejeció en la mayoría de sus aspectos. Su apertura como propuesta estética  permite que sea leída desde cualquier lugar del siglo XXI. Si ya no causan asombro las rupturas estructurales y lingüísticas se puede encontrar en ella la posibilidad de jugar “con la seriedad con la que juegan los niños” y la posibilidad de imaginar e inventar. La invención resulta la gran apuesta y permanece latente después de cincuenta años.

¿Cuál diría que es su mayor aporte perdurable? 

-El mayor aporte, además de la apuesta a la libertad y a dejar que fluya la imaginación a la manera de la improvisación del jazz, es el de la puesta en crisis de la  aventura humana en que los individuos se transformen en perseguidores de un humanismo más pleno, más allá de lados o zonas o ciudades.

¿Hoy puede mantener su sorpresa o los nuevos tiempos la superan?

-La sorpresa de procedrayuelaimientos ya no es tal, pero lo que no está superado por los tiempos es la calidad poética de la escritura( que incorpora además la reivindicación de géneros literarios considerados entonces menores)  , la riqueza de la indagación sobre la existencia, desde la rebeldía pero también desde la ética: una verdadera propuesta para vivir según Elena Poniatowska .

Foto de Jónatan Zinger

                                              

Portal de Güemes: Entre la historia y la modernidad

El Paseo de las Artes y sus alredores viven una explosión comercial y edilicia que está modificando las viejas costumbres y tradiciones del barrio. Diseñadores, músicos y bares invaden el pueblo de Güemes que perteneciera hasta hace poco a los artesanos.

La movida comienza los miércoles, cuando las tiendas que circundan al paseo abren sus puertas con novedosos productos. Remeras únicas con estampas, ropa vintage, zapatillas floreadas y todo tipo de objetos vanguardistas para la cocina, el comedor o simplemente para mirar. El diseño de autor se apodera del barrio.

Junto a las tiendas, bares de todo tipo y estilo. Folklore, rock, tango y jazz hermanados en las terracitas de Güemes.  Meriendas camperas con aroma a pan casero y platos tradicionales como el locro y la humita, son algunas de las delicias que los cordobeses degustan en la zona.

Jovenes y no tanto, cordobeses y muchos extranjeros, se dan cita en la zona, para deambular como hormigas entre las tiendas de antigüedades, decoración y demás. A estas propuestas se suman los shows callejeros, el teatro La Luna y La Cochera, el Almacén de Pepino y la milonga de Tsunami, entre otros.

Una oferta para todos los sentidos que se multiplica cuantitativamente los fines de semana. Con la apertura masiva de las galerías, y por supuesto, el Paseo de las Artes, origen y motor de toda la movida.

GÜEMES: UN BARRIO COMERCIAL

Güemes nació como un barrio comercial. Hacia el Siglo XIX comenzó vendiendo pasto. Posteriormente, se fueron instalando los primeros inmigrantes, y se fue armando una continuidad con el centro en el tendido del transporte y del alumbrado público.

“Cuando se establecen los primeros inmigrantes lo hacen con comercios. Vendían  cueros, dulces, alimentos propios de las sierras, vino, azúcar, yerbas, artículos de primera necesidad”, cuenta el Dr. Aldo Guzmán, referente de la zona y vecino desde hace 50 años. Y continúa: “Los comercios crecieron cuando vino la segunda ola inmigratoria, en los años 30 se establecieron tiendas, carnicerías.  Los almacenes eran los más importantes.  Había sastres, zapateros.”

Con la formalizacion del trabajo durante el gobierno de Perón, el barrio comienza a dividirse en dos. Una pequeña burguesía propietaria de las tiendas y sus trabajadores que vivían en la zona del Abrojal, del otro lado de la Cañada.

“En la época de la industrialización de Córdoba comenzó a venir gente de otros lugares, sobretodo gente de las sierras. Los hombres trabajaban en las industrias nacientes, y creció la comercialización, llegó a haber más de 40 almacenes y 37 tiendas. El barrio sostenía sus necesidades. Hoy tenemos todo, no necesitamos ir al centro. El barrio sigue siendo comercial pero se venden artículos suntuarios.  Podés comprar con tarjeta en cualquier lugar.  Hay una transformación cualitativa del barrio y todo es producto del Paseo de las Artes.”, rememora Guzmán.

DE PANCITOS RELLENOS Y ANTIGÜEDADES

El Paseo de las Artes nació en 1980 como una forma del gobierno dictatorial de organizar y ordenar a los artesanos. Un modo de mantenerlos reprimidos en un espacio y evitar desmanes.  Se ocuparon las viejas casonas de la zona con sus talleres. Y de a poco fue creciendo.  Se estableció un sistema de calidad mediante el cual los puestos son concursados, sistema con el que muchos artesanos difieren.

Poco a poco los cordobeses de otras zonas fueron invadiendo Güemes, hasta que hace algunos años explotó el barrio. Las viejas casas se convirtieron en edificios, galerías y bares. Los  pancitos rellenos empezaron a convivir con sofisticadas masas o desayunos camperos, destinados a turistas extranjeros.

Las tradicionales artesanias se vieron irrumpidas por objetos de diseño, las remeras pintadas o tejidas conviven hoy con las estampas y la serigrafía.

“El motor de todo esto ha sido el Paseo de las Artes.  Todo crecimiento implica conflicto. Los artesanos tienen estados de conflictividad. Los nuevos artesanos cortan los sábados y domingos la Cañada por que no quieren ser desprendidos por las instituciones oficiales de la cercanía del paseo. Los sujetos sociales se constituyen a partir de la convivencia. Convivir no quiere decir estar de acuerdo, en general es conflictivo”, explica Guzmán.

De este modo, coexisten viejos y nuevos artesanos, bares, tiendas y ambulantes.  A ellos se suma el movimiento cultural. Artistas callejeros, murgas y músicos terminan de dar el toque bohemio a la zona que fuera solo comercial en su pasado.

Y en el medio, el Paseo, como motor del crecimiento y objeto hoy del cambio. Cambio que él mismo generó.

DISEÑO DE AUTOR

La mayoría de las tiendas y locales que crecen alrededor del Paseo se dedican a lo que se conoce como diseño independiente. A los negocios fijos se suman ferias que se realizan en bares o galerías. Hablamos con Nuria Centeno, creadora de Nunu Handmade  y de la Feria Lokomotiv y con Gonzalo y Evelin de Arte Insurgente.

Nuria comenzó con su marca de accesorios en forma independiente y desde hace un tiempo inició su propia feria en Estación Güemes.

“Es como una feria fija porque yo estoy prácticamente todos los domingos y siempre en Estación. La gente ya relaciona “Feria Lokomotiv” con Estación Güemes y eso es muy positivo. Se hacen volantes para repartir por la zona, tengo la fan page de FB, hay presencia de la feria en la cartelería de los eventos del bar y tenemos muchísimo público dando vueltas por la zona y que pasan por el frente de Estación ya que estamos a cuadra y media del Paseo”, cuenta contenta y prosigue: “Más allá de las ferias, todos los que producimos y vendemos algo sabemos que hay que añadir otros canales de distribución. Sobre todo si tenés una marca y recién estás empezando. Participar para que la gente te vea y conozca lo tuyo; ofrecer siempre algún valor agregado para diferenciarte; estar presente en las redes sociales; hacer cursos de estrategias de venta o plan de negocios es fundamental porque cuando sos artesano o diseñador te pasa eso de “enamorarte de tu producto o idea” y te olvidás de muchas cosas y de lo principal que es que sea rentable. Cierto es que siempre está el fantasma de lo industrial que siempre van a jugar como un sustituto de lo tuyo y que competir con sus precios es desalentador pero hay que encontrarle la vuelta desde la diferenciación y educar a los consumidores”.

Por su parte, Evelyn y Gonzalo comparten un local sobre la calle Belgrano con otras dos marcas. Abren de lunes a lunes, hace 5 años que ofrecen en la zona sus remeras estampadas con el arte de humoristas gráficos, entre otros. ¨Es difícil decir diseño independiente, sería diseño libre, independiente de qué no sabemos.  Seria más diseño de autor, que cada uno elija lo que quiera, lo que le gusta sin seguir a la moda. Hay gente que lo entiende y lo consume y otros que le gusta seguir los colores de la temporada. A nivel económico todo es competencia porque todo es una opción, la gente  busca otra cosa que no va a encontrar en el centro”, cuenta la diseñadora de remeras.

A lo que Nuria agrega: “Lograr definir lo que significa diseño independiente es un poco complejo y subjetivo, me parece. Particularmente creo que el término comenzó a utilizarse hace un tiempo como para referirse a todo aquello que esta por fuera de las tendencias globales. Por ésto es que el término comenzó a relacionarse con cosas “raras o estrambóticas”.  Y ahora se habla de que tal cosa “es de diseño” queriendo referirse a ésto cuando estrictamente diseño hay en todo. En realidad es “independiente” en el sentido de no trabajar para una empresa, generalmente se trata de diseñadores que se encargan de todo (desde el diseño, la producción, distribución, comunicación, comercialización, etc). Hay que hablar más bien de diseño de autor y diseño de producto para diferenciar entre el hecho de diseñar algo con una impronta propia y original del hecho de diseñar algo masivo.”

Elmuralha tenido una explosión en Córdoba en los últimos años y la zona del Paseo es su fuerte. Conviviendo con los viejos artesanos lo tradicional y lo moderno se funden hoy en una feria que crece dia a dia en cantidad y calidad de productos. Un espacio mas para pasear y comprar de un modo diferente.

San Vicente: República Carnavalera

De barrio pueblo a barrio obrero, San Vicente cuenta una porción de la historia cordobesa. Con sus corsos, sus artistas y su gente. Un lugar donde la fiesta y la popularidad cobraron su máxima expresión.

Junto a General Paz y Alta Córdoba, San Vicente es uno de los barrios más antiguos de la ciudad. Nació en 1870, fundado por Agustín Garzón, con el objetivo de constituir un sitio de residencias vacacionales de las familias más tradicionales de la ciudad. Se trataba de un barrio pueblo.

“El paisaje dominante se configuró en torno de grandes casas quintas carnavalcuyos propietarios eran familias tales como los Beltrán Posse, Los Revuelta, Los Riera. Rodeándolas se levantaron modestas viviendas de adobe de trabajadores”, explica Liliana Torres, Profesora de Historia y encargada del taller de historia oral de San Vicente.

Las familias llegaban en tranvía a sus cantas quintas, al Teatro Edén y al Hipódromo Nacional. Este transporte era un fuerte protagonista de la zona. Primero tirado a caballos y luego eléctrico.

Esta configuración social, hizo de San Vicente un pueblo festivo donde comenzaron a organizarse los carnavales que competían con los del centro. Como explica Torres: “Los carnavales se remontan a 1895, producto de la iniciativa emprendedora de Victorio Scalabrini quien juzgó necesario organizar un carnaval para obreros. Esto suponía para este pueblo joven, entrar en competencia con el centro histórico. En la calle se ponía en juego lo popular y lo burgués, en el marco de un clima festivo consistente en aceptar la distinción y burlarla públicamente”.

Y LLEGARON LOS CORSOS

El barrio pueblo fue modificándose con el tiempo. Hacia fines de 1897 se instalaron en la zona los hornos de cal y los Molinos Leticia, entre otras industrias. Esto ocasionó una modificación en el perfil poblacional. San Vicente empezaba a transformarse en un barrio obrero y de clase media.

En consecuencia, se planificó un barrio de estilo inglés a cargo del arquitecto Kronfuss, que aún puede observarse en el circuito barrial.

Este cambio se hizo sentir en los carnavales. Las clases populares se adueñaron del espacio festivo.  Hasta que en 1932 la Municipalidad prohibió el corso, que ya le hacía sombra al del centro. Los vecinos decidieron realizarlo de igual forma constituyéndose en un“corso revolucionario”.

El Corso recorría desde la Plaza Lavalle a la Urquiza. Había palcos y mesas. Y las flores, serpentinas y pomos de espuma eran los protagonistas junto a las murgas y comparsas.

El carnaval de la república era el carnaval cordobés, que poco a poco se fue extinguiendo en su poderío, pero que aún se festeja cada febrero.

El corso revolucionario fue el  comienzo de lo que se llama el mito de la República de San Vicente y el orgullo sanvicentino. Mito que busca ser transmitido y reforzado en la identidad del barrio actual.

RESCATANDO EL BARRIO

Desde el 2006 funciona la Red San Vicente, un grupo de vecinos y asociaciones del barrio que buscan promover el desarrollo socio-cultural del barrio.  Una de las actividades que llevan a cabo para contribuir al resguardo de la identidad es la de visitas guiadas cada mes por los hitos barriales.

Se visitan: Centro Cultural San Vicente (ex Mercado Marcos Juárez),  Parroquia Inmaculada Concepción,  antigua Panadería “La Esperanza”, ex comisaría quinta, exponentes de las casas quintas del barrio, Casa La Fraternidad, restos de la antigua casa del fundador del barrio: Don Agustín Garzón, mirador de Barrio Parque San Vicente, Casa de Hierro Eiffel, Casa de la familia Kurth, antiguas curtiembres, Colegio Santa Margarita de Cortona, Instituto Secundario Domingo F. Sarmiento, Colegio San Antonio de Padua, Hornos de Cal Serrano, ex Molinos Leticia, Barrio Obrero Kronfuss, casa del pintor Francisco Vidal, casa del pintor José Malanca.

Las salidas se realizan los últimos sábados de cada mes. Son gratuitas y duran aproximadamente 2hs. Para participar comunicarse a

redsanvicente@yahoo.com.ar

www.comisionturismoycultura.blogspot.com

Teléfonos: 4-559513/ 4-559268

El sentir de la Pachamama

Bolivia y Perú en el andar. Lugar de pluriculturas, de encuentros y desencuentros.  Historias de la Pachamama que se sienten en el aire. Un mundo muy lejano, tan cerca.

Carnaval paceño.  Pistolitas y pistolotas de agua. Gente de todos los tamaños y edades. Y mucha agua que cae del cielo y de las armas de los carnavaleros. En el medio, turistas confundidos por el sorochi (mal de altura) y la nieve loca del rey Momo.  La calle principal está plagada de disfraces y tributos a la Pachamama.  Toda La Paz se detiene para festejar el carnaval. Aunque las temperaturas son bajas y la lluvia tupida no dejan de reír y mojar maliciosamente.  Cerquita, en el mercado de las brujas, los elementos de entrega a la madre tierra se consiguen por unos pocos pesos. Llamitas bebés disecadas  y polvos varios. Todo ofrendar a esa madre que nos da todo.

En el medio, las caras blancas de espuma y alegría y con un solo sentir: el orgullo de pertenecer. Allí todos son iguales. Los del alto y los del bajo se juntan para celebrar.

La Paz se impone con sus casitas en las montañas. Donde la migración interna comenzó a instalarse en búsqueda de un mejor pasar. A miles de metros de altura los bolivianos festejan la recuperación de su identidad. Y no es para menos.  Hasta los colectivos y taxis se visten de fiesta. Chayados con globos y flores al igual que las casitas. Una fiesta de color.

LA ISLA DEL SOL

Yendo para Copacabana, rodeando el famoso Titicaca y cruzando en botes diversos, se llega a la Isla.  Objeto de leyendas y canciones, cuenta con dos caras: la norte y la sur. Y una misión para el visitante: trepar y trepar, quizás así se llegará al astro que le da nombre. En sus tierras la isla alberga diversas ruinas testigos de épocas precolombinas.  Restos de laberintos, y escaleras y hasta una fuente de la juventud.

A lo largo de las caminatas se pueden encontrar a las cholitas acarreando sus cabras. Es que la isla está poblada en su mayoría por aborígenes quechuas y aymarás que siguen conservando sus lenguajes y costumbres.

El Lago Titicaca le otorga un marco imponente, especialmente de noche, cuando el cielo estrellado lo ilumina. Un techo luminoso para un cuadro de ensueño, de otro planeta.

ARRIBANDO AL PERÚ

Cruzando la frontera y siguiendo al Titicaca se llega a Puno, un poblado peruano de paso turístico donde la chicha morada es la vedette. La chicha morada es un refresco elaborado en base al maíz morado, pero ojo no tiene alcohol es sólo un refresco.

A pocos kilómetros en bote se arriba a la Isla de los Uros.  Estos aborígenes reciben al turismo con cánticos y sonrisas.  Sin embargo, ellos realmente habitan en sus comunidades en islas flotantes. Los uros o urus habitaban gran parte de la región, pero con la llegada aymará debieron retirarse y construyeron sus islas de base de raíces de totoras. El trabajo para mantenerlas nunca se detiene. Hay que cambiar las hojas de arriba constantemente.

Además, se dedican al trabajo artesanal para el turismo y el trueque. Incluso en las islas existe un hotel y un restaurante. Si bien a simple vista parece un polo sólo turístico, los uros guardan sus tradiciones y su vida islas adentro.  Y la comunión con el lago es uno de sus fundamentos. La pesca, su modo de vida. Cada una de las 20 islas posee un presidente que organiza la comunidad. Todo se decide en asamblea. Otra que la democracia.

LA CIUDAD BLANCA

De Puno para Arequipa es un largo viaje en colectivo.  Paisajes increíbles deslumbran desde las ventanillas. También pueblitos casi fantasmas. Y protestas por la minería. Si, también en Perú se convive con la problemática.  En el medio de  viaje sube al bus una señora cargada de chicharrones. Todos compran y comen esta especie de chasqui, mientras otra mujer engulle con alegría un pollo.

Antes de arribar a la ciudad, el mejor vendedor de colectivos de todos los tiempos sube y da una extensa exposición sobre los males de la vida ajetreada postmoderna. Todos terminan comprándole sus semillas naturales que curan casi todo.  Y finalmente Arequipa, la ciudad blanca.

La ciudad es denominada ascropped-portada.jpgí porque fue construida en gran parte con ladrillos elaborados con las cenizas volcánicas. En su arquitectura se confunden rasgos coloniales y otros locales. Las iglesias dominan el conjunto, producto de la colonización hispánica. Plazas cuasi europeas y arcos increíbles bordean la plaza central donde los arequipeños disfrutan del queso helado, postre más representativo de la zona.

Desde la bella Arequipa se llega al Cañón del Colca y a un remoto Cabanaconde, pueblito misterioso rodeado por montañas y cóndores.  Allí, si se espía entre los picos pueden verse las tumbas incas. Los muertos eran enterrados en las alturas, lo más cerca del dios Inti. El cóndor por su parte, es  parte de la trilogía inca compuesta por esta ave, que representa lo espiritual, los cielos; el puma, dueño de lo terrenal y la serpiente, del submundo.

CUZCO, CUZCO, CUZCO

Así anunciaban en la terminal los colectivos de ida Cuzco. Es que van a la ciudad de Cuzco, provincia de Cuzco, departamento de Cuzco.  Lo que fue la capital del imperio Inca se erige entre las montañas y mezcla colonialidad con la fabulosa arquitectura inca. Los muros de piedras perfectamente encastradas sirven de sostén de las paredes blancas españolas. Otra vez la multiculturalidad del altiplano. Y el imperio Inca como sostén de la cultura invasora.

Cuzco es en sí un conjunto de reductos arqueológicos. Por donde se mire se encuentran vestigios quechuas, tanto en la arquitectura como en el sentir popular. Los brindis se inician con un tributo a la Pachamama, siempre un traguito para la madre tierra, y la chicha está presente en cada esquina. El anticucho  de corazón de alpaca, el lomo saltado y el mate de coca son los protagonistas de la cocina cuzqueña junto con la papa y el maíz, sin olvidar al cuy, comida de los nobles incas y el ceviche.  Y las frutas que parecen explotar de jugo por todos lados.

Todos frutos de la Pachamama. Esa Pachamama dividida en terrazas que los incas supieron cultivar y que al día de hoy se conservan en las montañas. Predominan los campesinos y sus pequeñas tierras con plantaciones de papa, maíz, yuca y frutales.  Terrazas de todos colores que hacen del Valle Sagrado un deleite para la visión.

Desde la ciudad se arriba a distintas ruinas que fueron bastión del imperio. Lugares sagrados, donde la ceremonia de la comunión con la naturaleza se aprecia en cada detalle. Adoración al agua, al sol, a la luna.  Quienes regían las cosechas y el vivir inca.

En el medio, observatorios que predecían las lluvias y solsticios. Invernaderos como el de Moray, ruina de un experimento agrícola que se posa sobre el cráter provocado por un meteorito. Allí los incas supieron experimentar con cultivos que no eran aptos para la zona.  Tecnologías impensadas para la época, tan impensadas como el uso actual de los agroquímicos.

CAMINO INCA

El famoso camino del Inca está cerrado.  Las lluvias no acompañan. Sin embargo, existieron múltiples caminos incas que unieron ese gran imperio que tuvo su esplendor de la mano de Pachacutec.  Atravesando la selva, entre plantaciones de café y coca se llega finalmente a Aguas Calientes desde donde se parte al gran Machu Picchu.

Redescubierto hace 101 años por el arqueólogo  Hiram Bingham, la “montaña vieja” se erige majestuosa. A su lado el Huayna Picchu, con sus interminables escaleras. Y en medio de ese lugar tan inhóspito e inaccesible una de las obras maestras de la ingeniería inca. Se cree que habría sido lugar sagrado yLLAMA casa de descanso del Inca y los nobles.  Desde donde se mire, un nuevo detalle asombra. Y seguramente quede  tanto por descubrir. Esas ruinas se escondían entre pastizales que tenían oculta la historia de una de las civilizaciones más sobresalientes.

Cada espacio del altiplano tiene algo para decir. Voces presentes y ausentes pueden escuchar si se pone atención. Un pueblo que grita su origen, que homenajea sus tradiciones. Que baila con orgullo sus carnavales y fiestas. Que canta sus poesías y recita sus lenguajes.

Pluriculturalidad que hoy se defiende. Que ayer fue vergüenza y hoy es orgullo.

 

Peñas: Historias de encuentro

Guitarra de mano en mano, un traguito de vino y las infaltables empanadas. Discusiones acaloradas, voces entonadas y uno que otro bailecito. Tradicionales y renovadas las peñas siguen en Córdoba y de ellas vamos a hablar.

Cortadas a cuchillo en Los Infernales y vino en caja en K-bar-E. Música en La Fábrica y los renombrados en la Casa de Facundo Toro. Los más tradicionales en El Aljibe, lo más nuevitos en la Capipeña. Pero todos con un sentir: el del encuentro.

Córdoba siempre fue cuidad de estudiantes. Ciudad de tertulias y musiqueros. A la docta llegaban principalmente desde el norte, pero también de Cuyo miles de jóvenes y con ellos sus músicas. Así lo recuerda Hugo Cortez o el Negro Jachal como lo llaman sus amigos de las peñas.

En el centro y sobretodo en el barrio Clínicas florecían estas casas de encuentro. “El lugar de las peñas de expresión espontánea era el barrio Clínicas, era un movimiento que empezaba los viernes a la tardecita. Había una peña “El Salaco” que quedaba en la calle Rioja frente al Belgrano, que recién lo inauguraban. Era una peña bastante interesante donde los chicos del Belgrano se quedaban. Siempre había un motivo para festejar. Desde las 20 a 22hs había una gran discusión política. Los chicos estaban muy politizados y le bajaban la línea a varios universitarios porque tenían un nivel de conciencia muy elevado” recuerda el Negro y sigue: “Estaban los famosos asados de mortadela. Como no teníamos un mango comprábamos mortadela y un vinito y cuando se envalentonaban empezaban a sacar la plata de los libros, de la farmacia y del alquiler.  Esas cosas se han perdido porque la extracción social del estudiante de esa época es muy distinta a la de hoy. Venía el hijo del obrero, el de clase media baja, el de clase media”.

LOS 70 Y LA CLANDESTINIDAD

Eran los 70 y el clima estaba muy politizado.  “Los estudiantes universitarios eran muy pensantes, muy preocupados por la situación social. Era mezcladita la cosa entre el canto y las discusiones partidarias, políticas, ideológicas y religiosas. Las mujeres empezaban a pelear. Eran las más aguerridas.  En general era la cuestión partidaria del peronismo que estaba muy dividido en ese momento en la JPR de derecha y la JP de izquierda. Y había un vidrio muy grande en la entrada, todas las noches se rompía”, cuenta Jachal.

El nivel musical era de relieve. Tonos y Toneles vino a cambiar el formato. Su estilo era de espectáculo.  Concurrían Dino Saluzzi, Los Tovadores, Chito Ceballos, entre otros.

Hacia el 75 las cosas empezaron a cambiar. Y las peñas a decaer ya que el folklore se convirtió en blanco de la Triple A y más tarde de la dictadura.

“Se cantaban cosas contestatarias y era peligroso por el solo hecho de ser joven y pensar distinto. El pelo largo era un riesgo, mirá si había inseguridad para lo que se dice inseguridad hoy. Entonces se armaban peñas en casas”, cuenta Jachal.

Cocho Pedraza, otro folklorista y peñero recuerda esos tiempos. “Yo frecuentaba una peña en Alta Córdoba que era absolutamente clandestina. Era por invitación y nos juntábamos unas 80 personas. Estaban muy politizadas, se cantaban canciones comprometidas. Canciones chilenas, por ese entonces los grupos chilenos eran mucho más combativos que los músicos argentinos. Un poco antes del retorno a la democracia se hizo una peña en Tonos y toneles y nos llamó la atención que habíamos varios barbudos. Cosa que estaba bastante controlado, no se podías ser demasiado barbudo y restringido el repertorio. Uno no tenía la lista pero suponía, había autocensura”.

Con la democracia volvieron las peñas, pero la situación era diferente. Hoy parece haber un renacer del circuito en la Córdoba folklórica que nunca se calla.

LAS PEÑAS HOY

Las peñas hoy no son las mismas de ayer, pero conservan el concepto del encuentro como núcleo fundamental.

“Ir a peñas es único, el que va es porque tiene una amplia cultura folklórica, sino te aburrís. No es como bailar en un boliche, acá te une el sentimiento por nuestra música”, cuenta Elena Mattía, amante de la música argentina y vieja frecuentadora del circuito peñero.

Hoy existen tres tipos de peñas, con sus públicos correspondientes. Las peñas masivas como las de los Copla o el Raly, en general se llevan a cabo en el Comedor Universitario o en algún club; las peñas de espectáculo, con comida y show como Peña Sucre o la Casa de Facundo Toro y las peñas espontáneas como el patio de Los Infernales. Pero estas últimas son las menos. Ahora el fuerte está en el baile, algo que no ocurría en los setenta cuando el centro era la canción y las charlas políticas.

Jachal las añora, pero speñasigue concurriendo hoy en día a cantar y esscuchar. Una de sus favoritas es la de la calle Belgrano. Una de las diferencias, el bullicio.  “Antes cuando uno tocaba todos escuchaban. Hoy el grupo de al lado se pone a tocar más fuerte”.

Sin embargo, el espacio para el encuentro continúa. Menos politizado, más atomizado, pero con el mismo objetivo: juntarse a disfrutar de la música argentina.